53. Dilo con palabras
Lilian Caballero
El paisaje cambió poco a poco. Llevábamos más de una hora en carretera rumbo a Monterrey cuando Roberto giró inesperadamente a la derecha, tomando una vía más estrecha, flanqueada por pinos y montañas que se alzaban al fondo como guardianes silenciosos.
Fruncí el ceño.
—¿A dónde vamos? —pregunté, mirándolo de reojo.
Él sonrió, esa clase de sonrisa que siempre me desconcertaba, una mezcla entre picardía y dominio.
—Tranquila, doctora —dijo con voz grave, pausada—. Esta carrete