59. El lado tierno del señor Abad II
Faltaban apenas dos días para que Lisa pudiera deshacerse del inmovilizador de la pierna. Al llegar al colegio, me agaché frente a ella, aún sentada en el asiento.
—Lisa, ¿aún te duele el tobillo? —le pregunté mirándola directamente a los ojos. Quería asegurarme de que no mintiera solo por emoción.
—No, ya no me duele, Ana —respondió con una sonrisa sincera.
—¿Segura? —insistí con un tono juguetón.
Ella asintió con entusiasmo.
Sentí la presencia de Arturo detrás de mí.
—Haré un par de movi