55. Consumidos en el deseo II
Lilian Caballero
Me separé apenas unos centímetros de él. Roberto protestó con un gruñido grave, ronco, que me estremeció. Sonreí con cierta osadía, sintiendo cómo el aire entre nosotros se volvía espeso, cargado de deseo.
Llevé las manos al borde de la toalla que aún cubría mi cuerpo y la dejé caer lentamente al suelo.
Sus ojos recorrieron mi piel con una lentitud calculada, como si cada curva fuera un secreto que deseaba memorizar. Se relamió los labios, y el fuego que vi en su mirada me hiz