51. Fue él II
Su declaración me atravesó como una flecha en el corazón. Sentí un vacío extraño, una punzada de envidia y tristeza. Tener a alguien que te amara con tanta intensidad debía ser valioso… y al mismo tiempo devastador perderlo de golpe.
Tuve que desviar la mirada hacia la ventana, tratando de recomponerme. El silencio se volvió demasiado pesado, como si la confesión flotara entre nosotros.
—Pero no me contaste cómo te lastimaste la mano… —dije, intentando cambiar de tema antes de que la vulnerabi