50. Fue él I
Lilian Caballero
Roberto arrancó el auto y se integró a la carretera rumbo a Monterrey. El rugido del motor llenó por un instante el silencio entre nosotros. Me acomodé en el asiento, cansada, y en un movimiento me quité la cazadora que él me había puesto en el restaurante. La doblé con cuidado sobre mis piernas; el calor de la tela aún guardaba su aroma, un perfume varonil, profundo, con notas que se quedaban pegadas a la piel.
Mientras buscaba una posición más cómoda, su voz grave me sorpren