Capítulo 83. La duda hiere.
—Perdóname, mi amor, yo solo... el sobre, las fotos... —Intentó justificarse él, pero ella lo cortó con un gesto tajante de la mano.—No me interesa tu perdón, Héctor. Me pediste matrimonio, me pusiste este anillo y, ante la primera duda sembrada por tu madre, te pusiste del lado de las fotos antes que del mío. Te juro por mi vida que no sé quién es ese hombre, pero tú preferiste creer en un papel que en la mujer que te ha esperado cuatro años.Héctor sintió una punzada de agonía en el pecho.—Estaba cegado, Leonella. Entiéndeme...—No puedo entenderte, y tus dudas no son mi culpa —replicó ella, con los ojos inyectados en lágrimas que se negaba a dejar caer—. No te mereces mi atención, ni mi explicación, ni mucho menos mi amor si cada vez que alguien sople una mentira vas a mostrarme los colmillos. Somete tus fotos al análisis, haz lo que tengas que hacer. Pero mientras tanto, mantente lejos de mí.Leonella salió de la sala; él se fue detrás de ella como perro regañado, mientras ella
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