Capítulo 108. Trato hecho.
La mujer comenzó a llorar de manera desesperada, buscando la manera de conmover a Héctor. —Te entrego la custodia total, firmo la renuncia a la patria potestad ahora mismo, no volveré a molestarlos... pero no me metas a la cárcel, Héctor. ¡Te lo suplico por el bebé!Héctor permaneció inmóvil, de espaldas, con los puños apretados dentro de los bolsillos del pantalón, conteniendo las ganas de verla tras las rejas. La humillación de la víbora arrodillada era total, pero el llanto del recién nacido, que se agitó con fuerza por los gritos de Pierina, llenó el ambiente de una urgencia real.Leonella, que había observado el duelo con una calma gélida, dio un paso firme al frente, colocándose entre su esposo y la mujer arrodillada. Miró a Pierina desde arriba con unos ojos oscuros inyectados en fuego, pulida como el acero.—Aceptamos la custodia irrevocable ahora mismo, Pierina —sentenció Leonella, y su voz clara cortó los sollozos de la otra en seco—. Pero vas a firmar la renuncia absoluta
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