Capítulo 116. El duelo de las fieras.
Bernardo permaneció estático bajo las luces del vestíbulo, con las manos temblando sutilmente a los costados. La presencia de Eugenia De la Vega infundía un aura de pura hostilidad que helaba la atmósfera.
La vieja matriarca avanzó dos pasos, haciendo resonar sus tacones de aguja contra el suelo de mármol, despojándose del abrigo de piel mojado para arrojarlo sobre los brazos del mayordomo sin mirarlo.
—¿Qué pasa, Bernardo? —soltó Eugenia con una sonrisa cínica, entornando sus ojos de serpient