Seraphina bajó las escaleras de su nuevo estudio con el corazón martilleando contra sus costillas.Al pie de la acera, el coche de Alaric ya estaba esperando, con el motor encendido roncando como una advertencia.―Le dije que yo podía ir sola…―Seraphina, recibió una sola repuesta de su parte, Alaric parecía no importarle sus palabras, algo que era normal, jamás lo habia hecho, así que no habia razón para que sucediera en aquel momento.―Sube, no hay tiempo…Dentro del coche, el silencio era tan denso que resultaba asfixiante.Seraphina observó de reojo a Alaric; Su ceño estaba fruncido en una máscara de angustia, y en sus ojos ámbar, habitualmente gélidos, bailaba un desorden de ansiedad que ella nunca había presenciado.Era la primera vez que Alaric Blackwood se mostraba frágil, despojado de la arrogancia y la frialdad que habían sido su única armadura durante años.De repente, un pensamiento cruzó la mente de Seraphina: para Alaric, el abuelo no era solo un pariente; era su única lu
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