El comedor de la planta baja de la mansión Blackwood parecía haber sido diseñado para amplificar el silencio.
Aquella mañana, el tintineo contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el ambiente gélido.
Alaric desayunaba con la cabeza gacha, concentrado en su café negro como si en el fondo de la taza pudiera encontrar las respuestas a la confusión que lo atormentaba.
Seraphina, sentada frente a él, lo observaba de reojo.
El recuerdo de la noche anterior —de su piel ardiendo