El rugido del motor del deportivo negro de Alaric cortaba el estruendo de la tormenta.Sus manos, blancas por la presión sobre el volante, guiaban el vehículo con una precisión suicida entre los charcos de la carretera norte.Chloe, en el asiento del copiloto, lloraba en silencio, mientras que, en el asiento trasero, la atmósfera era de un frío glacial.—Hoy has tenido un día duro de viaje, Serena —había sentenciado Alaric antes de arrancar, con una voz que no admitía réplica—. Será mejor que te quedes en el hotel a descansar. No pintas nada en un hospital a estas horas.Pero Serena, detectando el tono de urgencia y terror en la voz de Alaric —un tono que él jamás había usado por ella—, se había negado.—Es mi hermana, Alaric. ¿Cómo puedes pedirme que descanse mientras ella está en peligro? —fingió ella, apretando un pañuelo contra sus labios. En realidad, no era preocupación lo que sentía, sino un pánico punzante: si a Seraphina le pasaba algo ahora, Alaric podría quedar encadenado a
Leer más