Después de esa incómoda y definitiva conversación, Harry se despidió con una cortesía gélida. Sin esperar a que bajara mi tía y sin ofrecer más explicaciones, giró sobre sus talones y se marchó, dejando el eco de su "Entiendo" gravitando en el silencio del comedor.Mi tía, por supuesto, estalló en una furia monumental al enterarse. No se rindió tan fácilmente. Al día siguiente, envió una carta formal y luego intentó, en persona, convencer a Harry de que reconsiderara su "deber". Para mi asombro y mi profunda confusión, él también se negó. No con rudeza, sino con una firmeza impasible que no admitía apelación. Argumentó que, sin un compromiso afectivo, un matrimonio sería una farsa que deshonraría a ambas partes. Fue un argumento tan sensato e inesperado que dejó a mi tía sin palabras.Así, en apariencia, todo continuó igual. El escándalo se acalló, la "honra" se salvó por los pelos y la vida retomó su curso. Bueno, casi todo.Porque después de aquel día, la relación entre Harry y yo s
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