Mi mirada se hundía en la profundidad de sus ojos oscuros, un pozo sin fondo que me observaba con una intensidad que me dejaba sin aliento. El mundo a nuestro alrededor—el susurro de las hojas, el lejano rumor de la música del salón—se desdibujó hasta desaparecer. Harry aún me sostenía por la cintura, su mano firme en mi espalda era un ancla, y a través de la fina tela de mi vestido podía sentir cada latido de su corazón, un tambor acelerado y sincronizado con el mío.
—¿Estás bien? —logré susur