Una alfombra roja se desplegó como un río escarlata entre la multitud, que se abría paso ante la inesperada llegada real. Por ella avanzaban el Príncipe Erick y la Princesa Eloisa, una pareja que irradiaba una felicidad tan perfecta que casi lastimaba los ojos. Él, con una elegancia segura que parecía innata; ella, con una sonrisa dulce y un vestido que brillaba bajo las lámparas de araña.
Yo había pasado suficiente tiempo intentando borrar su recuerdo de mi piel. Me había resignado, o al menos