Después de esa incómoda y definitiva conversación, Harry se despidió con una cortesía gélida. Sin esperar a que bajara mi tía y sin ofrecer más explicaciones, giró sobre sus talones y se marchó, dejando el eco de su "Entiendo" gravitando en el silencio del comedor.
Mi tía, por supuesto, estalló en una furia monumental al enterarse. No se rindió tan fácilmente. Al día siguiente, envió una carta formal y luego intentó, en persona, convencer a Harry de que reconsiderara su "deber". Para mi asombro