La puerta de caoba de la habitación 305 se alzaba frente a ella.
El silencio en el pasillo del tercer piso era absoluto. Abajo, el cuarteto de cuerdas tocaba la marcha nupcial. Era el llamado final para caminar hacia el altar.
Aurora levantó la mano, apretando el pendiente de rubí hasta que los bordes le cortaron la piel. Iba a tocar la puerta. Iba a exigir una explicación.
Pero entonces, una voz atravesó la gruesa madera.
—¿Estás seguro de que la princesita no sospecha nada?
Aurora se quedó pa