Mundo ficciónIniciar sesiónLa suite a oscuras era una tumba, pero Aurora no tenía tiempo para llorar.
La sonrisa burlona de Vanessa en la fiesta había sido el detonante. Ya no había espacio para la duda, solo para la acción. Aurora tomó su teléfono y marcó el número privado de Liam.
Sonó una, dos, tres veces.
—¿Qué quieres, Aurora? —respondió Liam. Su voz no era la de un novio enamorado, sino la de un CEO interrumpido en medio de una junta.
—¿Interrumpo algo, Liam? —preguntó ella, con la voz temblando por la adrenalina, no por miedo.
—Es la una y media de la mañana. Intento dormir. Mañana es nuestra boda, por si lo olvidaste.
De repente, un sonido se coló por la línea. Una risa suave, perezosa y descaradamente femenina. Y luego, un murmullo: "Liam... vuelve a la cama".
El estómago de Aurora se contrajo, pero su voz salió como un látigo de hielo.
—¿Quién está en tu cama, Liam?
Hubo un silencio tenso de un segundo. Luego, el contraataque.
—Nadie. Es la televisión —mintió él, con una fluidez aterradora—. Estás histérica otra vez, Aurora. El estrés de la boda te está volviendo paranoica.
—¿La televisión susurra tu nombre en la oscuridad? —espetó ella, apretando el teléfono hasta que sus nudillos se pusieron blancos—. No me trates como a una idiota. Esa es la voz de Vanessa.
—¡Basta! —rugió Liam, abandonando la fachada de calma—. No voy a soportar tus celos irracionales esta noche. Primero el escándalo en el pasillo con los chismes de las empleadas, y ahora esto.
—No son celos, es la verdad. Y lo sabes.
—La verdad es que me estás hartando —siseó él con crueldad—. Mañana firmamos la fusión Vale-Cross. Es el trato más importante de la década. Tómate una pastilla, compórtate como la mujer madura que se supone que eres, y vete a dormir. Te veré en el altar.
La llamada se cortó abruptamente.
Aurora miró la pantalla negra. Él no solo la estaba engañando; estaba intentando volverla loca. Estaba usando la fusión y el legado de su familia para mantenerla callada y sumisa.
Se arrancó el anillo de compromiso de veinte quilates. Ya no era una joya, era una cadena. Lo arrojó con fuerza contra el tocador de mármol. El diamante chocó con un ruido sordo y rodó por el suelo.
—¿Aurora?
La puerta de la suite se abrió de golpe. Sophia, su dama de honor, estaba en el umbral, vestida con un pijama de seda y con los ojos muy abiertos.
—Escuché gritos —dijo Sophia, entrando rápidamente—. ¿Estabas peleando con Liam? ¿Qué ocurre?
Aurora no respondió de inmediato. Caminó hacia el armario, se quitó el vestido de seda plateada y sacó unos pantalones negros ajustados y un abrigo de cachemira oscuro.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Sophia, su voz subiendo una octava por el pánico—. Aurora, te casas en unas horas. ¿Por qué te estás vistiendo de negro?
—No va a haber ninguna boda, Sophia —respondió Aurora, abrochándose la blusa con movimientos rápidos y precisos.
—¿Qué? ¡Estás loca! ¡Tu padre ha invitado a medio Manhattan! ¡La prensa está acampando afuera de la finca! —Sophia la agarró del brazo—. Aurora, mírame. ¿Qué te hizo Liam?
Aurora se soltó suavemente, pero con firmeza.
—Liam me está usando para conseguir la empresa de mi padre. Y Vanessa Leigh se está acostando con él en su penthouse justo en este momento.
Sophia se llevó las manos a la boca, horrorizada. —¡No! Eso no puede ser cierto. ¿Tienes pruebas?
—Voy a conseguirlas ahora mismo —dijo Aurora, tomando las llaves de su Porsche del tocador—. Voy a ir a su penthouse. Voy a abrir la puerta con el código que él mismo me dio, y voy a verlos con mis propios ojos.
—¡Es peligroso! ¡Es un escándalo! —suplicó Sophia, bloqueándole el paso hacia la puerta—. Si los paparazzis te ven salir a esta hora, arruinarás tu reputación antes de que amanezca. ¡Déjame ir contigo!
—No —la cortó Aurora con una mirada gélida que era idéntica a la de su padre en la sala de juntas—. Esta es mi batalla, Sophia. Si me quedo aquí y me caso con él, seré la víctima perfecta por el resto de mi vida.
—¿Y si tienes razón? ¿Qué vas a hacer si los encuentras juntos? —preguntó Sophia, temblando.
Aurora se detuvo en el umbral de la puerta. Una sonrisa fría y letal curvó sus labios.
—Voy a asegurarme de que Liam Cross pierda todo lo que ama. Empezando por su imperio.
Sin decir una palabra más, Aurora salió al pasillo oscuro, dejando atrás su vida perfecta y dirigiéndose directamente hacia la guerra.







