Mientras tanto, ajenas a lo que estaba sucediendo, en el apartamento de Cristina, el ambiente era completamente diferente.Cecília caminaba de un lado a otro, con el móvil pegado a la oreja.— Nada… —murmuró, frustrada—. ¡Ya lo he intentado varias veces! Nunca ha dejado de contestarmeCristina, sentada en el sofá con una taza de café en las manos, observaba a su amiga con paciencia.Natalia, más apartada, permanecía en silencio, con la mirada perdida en el vacío.—No sirve de nada, Cecília —dijo Cristina, por fin—. Si no te contesta, quizá no quiera hablar contigo; ya debe de saber que Natália ha venido a buscarnos.—Pero es raro —insistió Cecilia, sentándose a su lado—. Desde ayer, nada. Y después de todo lo que me has contado…Natalia levantó la vista lentamente, como si despertara de un letargo.—Quizá sea mejor así —dijo en voz baja—. Creo que, por ahora, es mejor no hablar con él.Cecilia intercambió una mirada rápida con Cristina, indecisa.— ¿Y qué piensas hacer ahora, Natália?
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