Respiró hondo, tratando de controlar el temblor de sus manos.
— Estás exagerando.
—¿Exagerando? —Ella se recostó en la silla—. Quizás. Pero deberías conocerme lo suficiente como para saber que siempre me doy cuenta cuando algo anda mal. Siempre.
El camarero se acercó para preguntarles si deseaban el plato principal. Vanessa sonrió de forma encantadora, cambiando de tono en un abrir y cerrar de ojos.
— Sí, claro. La sugerencia del chef y mi marido querrá lo mismo.
La palabra «marido» sonó como u