La mansión Bragança dormía en silencio.
Jorge estaba en el dormitorio, con la mirada perdida entre papeles y libros abiertos, informes antiguos, notas de reuniones y folletos de una época que él insistía en llamar «pasado».
Cogió el vaso de whisky y se lo llevó a los labios, pero se detuvo a mitad del gesto cuando el móvil vibró sobre la mesa.
Un único mensaje. Sin nombre. Solo un número desconocido.
«Reúnete conmigo en la carretera vieja, a medianoche».
Jorge sintió un escalofrío. Las palabra