Cuando Ricardo la vio, el mundo a su alrededor pareció detenerse.
Ahí estaba ella, el rostro que había intentado olvidar desde el día en que la dejó. Natália sonreía, y ese simple gesto lo atravesó como una navaja.
Estaba diferente. Aún más guapa.
Demasiado guapa.
El vaso que tenía en la mano temblaba ligeramente. El recuerdo de ella, la forma en que pronunciaba su nombre, la manera en que lo miraba, regresó como un golpe repentino. El corazón se le aceleró y apenas se percató de que Vanessa lo