En un ático situado en uno de los barrios más exclusivos de São Paulo, reinaba el silencio como si el lujo se hubiera cubierto de hielo.
Un hombre entró, aflojándose la corbata, con el rostro cansado y la mirada perdida. La luz de la ciudad invadía el ambiente a través de las amplias paredes de cristal, reflejándose en superficies frías e impecablemente ordenadas.
Le extrañó la penumbra que reinaba en el lugar.
—¡Cristóbal! —llamó el mayordomo, con voz ronca—. ¿Dónde están las luces?
—He desped