El ascensor subía en silencio, atravesando los pisos con un suave zumbido. Vanessa y Ricardo iban uno al lado del otro, pero el espacio entre ellos parecía un abismo. Ella, inmóvil, con la mirada fija en el panel espejado; él, con las manos en los bolsillos y el rostro tenso, como quien espera una sentencia.
Cuando las puertas se abrieron en el vestíbulo del ático, el silencio se rompió.
Vanessa entró primero, tirando el bolso sobre el sofá con un gesto brusco.
—¿Me explicas qué ha sido eso? —p