Mientras tanto, ajenas a lo que estaba sucediendo, en el apartamento de Cristina, el ambiente era completamente diferente.
Cecília caminaba de un lado a otro, con el móvil pegado a la oreja.
— Nada… —murmuró, frustrada—. ¡Ya lo he intentado varias veces! Nunca ha dejado de contestarme
Cristina, sentada en el sofá con una taza de café en las manos, observaba a su amiga con paciencia.
Natalia, más apartada, permanecía en silencio, con la mirada perdida en el vacío.
—No sirve de nada, Cecília —dij