Capítulo 49 —El peso de la coronaEl silencio que siguió al estallido de pasión fue denso, cargado del olor a sexo y a una despedida que todavía flotaba en el aire. Enrico se incorporó con lentitud, sus músculos tensos relajándose bajo la luz mortecina de la noche. Sin decir una palabra, se levantó de la cama, dejándola sola entre las sábanas revueltas.Alessia lo vio salir de la habitación, caminaba con esa elegancia depredadora que lo caracterizaba, incluso en su desnudez. Se sintió repentinamente expuesta, vulnerable. Se envolvió en las sábanas de seda negra, apretándolas contra su pecho, sintiendo el vacío que él había dejado en el colchón. La ansiedad comenzó a trepar por su garganta; ¿se había terminado ya? ¿Era ese el final frío?Minutos después, Enrico regresó. No traía promesas, sino dos botellas pequeñas de cerveza. Se sentó en el borde de la cama, entregándole una. Alessia lo miró a los ojos, sostuvo la mirada con una firmeza que lo obligó a pestañear primero, y tomó la bote
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