Capítulo 41 —La Fractura del Cristal
El trayecto de regreso fue un descenso vertiginoso a los infiernos. Enrico conducía el sedán negro como un hombre poseído, devorando los kilómetros de asfalto con una furia suicida. El motor rugía en una protesta metálica mientras él tomaba las curvas al límite, obligando a los neumáticos a chillar contra el pavimento. Dentro del habitáculo, el aire estaba tan cargado de electricidad estática que parecía que una sola palabra podría hacer saltar todo por los a