Capítulo 38 —La Trampa del Placer y el AserraderoEl desayuno había transcurrido en una calma que, para cualquier otro, habría sido idílica. Pero para Enrico Conti, cada sonrisa de Alessia y cada roce casual de su mano eran como pequeñas fisuras en un muro de contención. Enrico la observaba desde el otro lado de la mesa, con la taza de café detenida a medio camino. La tranquilidad de ella no era natural. Una mujer de su linaje, después de haber sido sometida, marcada y vigilada, debería estar planeando una fuga o, al menos, mostrando el filo de su temperamento.Sin embargo, Alessia estaba radiante. Se movía por la cocina con una libertad que él no le había otorgado, pero que ella parecía haber tomado por derecho propio. Esa paz interna de Alessia le hacía hervir la sangre; era la paz de quien ya no teme porque tiene un as bajo la manga. O un ejército a sus espaldas.—Estás muy pensativo, Enrico —dijo ella, acercándose por detrás y rodeando sus hombros con los brazos. Sus dedos se hundi
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