Capítulo 46 —El Filo del Abismo
El aire frío de la noche romana golpeó el rostro de Alessia apenas cruzó el umbral del edificio. Caminaba deprisa, con los pasos repicando contra el pavimento con una furia rítmica que apenas lograba acallar el estruendo de sus propios pensamientos. Necesitaba aire. Necesitaba que el oxígeno limpiara el rastro del perfume de Enrico que todavía sentía adherido a su garganta.
De repente, el rugido de un motor potente rompió la quietud de la calle. Un sedán negro, de