...Adrián se colocó a mi lado. Su calor era una presencia constante, casi asfixiante. Extendió la mano hacia el escáner de la vieja terminal, pero se detuvo antes de tocar el cristal. Por primera vez en nuestra historia, vi una sombra de duda en sus ojos.—Si ponemos nuestras huellas ahí, Elena, no habrá marcha atrás —dijo con esa voz grave, cargada de una advertencia que pretendía sonar como protección, pero que yo sabía que era puro miedo al colapso de su propio mito—. La verdad sobre por qué te busqué, sobre lo que mi madre y tu padre pactaron... te hará odiarme más de lo que ya lo haces.—¿Me tienes miedo, Adrián? —Le sostuve la mirada, con la barbilla en alto, disfrutando de ese pequeño momento de poder—. Siempre dijiste que eras un hombre que lo arriesgaba todo. Pues bien, ahora el imperio ya no existe. El contrato es ceniza. Lo único que queda entre tú y la derrota absoluta es lo que hay en este servidor. Pon tu mano.Él apretó los dientes, pero cedió. Colocó su palma sobre la
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