La noche en el pabellón de caza no trajo paz, solo una oscuridad más densa que las sombras de la ciudad. El generador de emergencia roncaba rítmicamente en el exterior, un sonido que en el silencio absoluto del bosque parecía un faro para nuestros enemigos.
Santiago se había quedado dormido sobre el teclado, agotado por el esfuerzo de cifrar los últimos datos del fideicomiso. Lucía estaba en el porche, una sombra inmóvil con el arma descansando sobre sus rodillas. Y yo... yo estaba en la cocina