Empezar De Nuevo

No fue de un día para otro; a veces me preguntaba si alguna vez lo sería, o si existía un momento exacto en el que uno simplemente despertaba y todo dejaba de doler. Pero no funcionaba así. Después de esa noche, los días se volvieron confusos, pesados y largos. Habían mañanas en las que abría los ojos y lo primero que sentía era ese vacío en el pecho, como si algo dentro de mí se hubiera quedado detenido en ese lugar, en esa terraza, en ese preciso momento.

No quería salir, no quería hablar, ni siquiera quería pensar. Cada vez que lo hacía, volvía a verlo a él, escuchaba su voz y la forma en que dijo que “era lo mejor”. Lo peor de todo no fue perderlo, fue darme cuenta de que yo había creído en algo que nunca existió.

Mi madre fue la primera en notarlo; siempre lo es. No me preguntó directamente qué había pasado ni me presionó, solo empezó a estar más presente, más atenta, más cerca.

—¿Vas a quedarte todo el día ahí? —me preguntó una mañana, apoyándose en la puerta de mi habitación.

—No tengo ganas de hacer nada —murmuré tras un silencio.

Ella asintió, como si lo entendiera perfectamente.

—Está bien, pero no te quedes ahí para siempre.

No fue un reproche, sino una advertencia suave de esas que se quedan dando vueltas en la cabeza. Mi padre fue diferente, más directo, más él. Una tarde se sentó a mi lado sin decir nada; solo estaba ahí. Después de unos segundos, habló.

—No sé qué pasó —dijo—, pero nadie tiene derecho a hacerte sentir menos de lo que eres.

Giré el rostro hacia él. No buscaba explicaciones ni detalles, solo quería que yo lo entendiera, y lo hizo a su manera. Mis hermanos tampoco se quedaron atrás. Como no sabían qué decir, hicieron lo único que saben hacer bien: molestar.

—Si sigues así, vas a parecer personaje de novela triste —dijo uno de ellos.

—Ya lo es —respondió el otro.

Rodé los ojos, pero por primera vez en días, sonreí. Ahí entendí algo: no estaba sola. Aunque me sintiera rota y perdida, había gente que no se iba, y eso importaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Pero el dolor seguía ahí; no desaparecía, solo cambiaba de forma hasta que un día, simplemente, me cansé. Me cansé de pensar en lo mismo, de sentirme insuficiente y de quedarme atrapada en algo que ya había terminado. Me miré al espejo y por primera vez no vi tristeza, vi algo peor: estancamiento. Eso sí me dio miedo. No quería convertirme en alguien que vive mirando hacia atrás, así que tomé una decisión. Iba a cambiar; no por él, ni por demostrar nada, sino por mí.

Empecé poco a poco, con cambios que no eran drásticos pero sí necesarios. Dejé de ir a los mismos lugares, de responder a las mismas personas y de repetir las mismas rutinas. Sobre todo, dejé de pensar en lo que pudo ser. No fue fácil; hubo días en los que quería volver y extrañaba todo, incluso lo que me había hecho daño, pero seguí un día a la vez.

Fue en ese proceso que apareció Amyra. No hubo presentación formal ni un momento especial, solo coincidimos y, de alguna forma, nos quedamos.

—No tienes cara de ser débil —me dijo la primera vez que hablamos más de dos minutos—. Solo parece que confiaste en la persona equivocada.

La miré sin saber qué responder porque tenía razón, y eso era incómodo, pero también necesario. Amyra no preguntaba demasiado ni insistía en entenderlo todo; solo estaba ahí. A veces, eso es lo único que se necesita.

Poco a poco empecé a sentirme diferente. No mejor, no completamente, pero sí más clara, como si todo lo que había pasado ya no tuviera el mismo peso. No porque lo hubiera olvidado, sino porque estaba aprendiendo a vivir con ello, y eso ya era un avance. No sabía exactamente qué venía después ni tenía un plan perfecto, pero por primera vez en mucho tiempo, eso no me asustaba.

Esta vez no estaba esperando a nadie; estaba empezando a elegirme a mí.

Y aunque no lo sabía aún, ese sería el primer paso hacia todo lo que vendría después.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP