No podía sacármelo de la cabeza. No era que todo había salido mal, que el señor Young no quisiera trabajar con nosotros. No era eso, era todo lo anterior. La imagen de Lyn frente a mí, con esa maldita bufanda que no era mía, con el olor de otro hombre pegado a su piel, con esa expresión desafiante que no había visto antes en ella. Me había irritado más de lo que estaba dispuesto a admitir, más de lo que tenía sentido, pero no era solo celos, no era solo orgullo herido. Era algo más, algo que me pasaba cuando estaba cerca de ella, algo que no me gustaba porque no lo podía controlar. La cena había sido un desastre, pero ni siquiera por las razones que Collin habría señalado. No me importaba lo que el señor Young pensara, ni su actitud, ni su salida abrupta. Lo que me había molestado era otra cosa, algo que se había ido acumulando desde el momento en que Lyn entró en la sala como si nada hubiera pasado, como si no hubiera humillado a Kassidy el día anterior, la forma en que fue tan de
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