A la mañana siguiente no me desperté bien, pero al menos no me sentía como el día anterior.
Las náuseas seguían ahí, como una presencia constante que me recordaba que mi cuerpo ya no era solo mío, pero mi ánimo era distinto. Haber pasado la tarde con Robin y Deric había hecho más de lo que quería admitir, y aunque seguía cansada, al menos no sentía ese peso opresivo en el pecho que me había acompañado todo el día anterior.
Me obligué a levantarme con calma y fui directo al baño, me detuve un mo