Alejandro despertó con la sensación de haber dormido por primera vez en años. No había sueños, no había sobresaltos, no había esa angustia que solía apretarle el pecho antes de abrir los ojos. Solo el silencio de la madrugada, la luz gris que se filtraba por las cortinas, y la respiración profunda de Clara a su lado. Se quedó inmóvil un momento, escuchando el rumor del viento afuera, el canto lejano de un pájaro, el crujido de la madera que se contraía con el frío. Todo sonaba distinto. Como si el mundo, por fin, hubiera dejado de estar en contra suya.Clara se movió en sueños. Sus dedos buscaron los de él, y él los tomó sin dudar. Era un gesto pequeño, casi inconsciente, pero él lo sintió como una promesa. No la despertó. Solo se quedó mirándola, sintiendo que el peso que había cargado durante años, por fin, se había ido. No era que hubiera desaparecido de golpe. Era más bien como si alguien hubiera abierto una ventana en una habitación demasiado cerrada. El aire fresco entraba, y co
Leer más