La luz de la luna se filtraba por las rendijas de las cortinas, dibujando líneas plateadas en el suelo de madera que se extendían como dedos luminosos hacia la cama. La habitación estaba en penumbras, iluminada apenas por el resplandor nocturno que entraba por la ventana entreabierta. El aroma a jazmines era más intenso aquí, mezclándose con el olor a ella, a piel limpia y a algo más, algo que no sabía nombrar, pero que lo envolvía como una caricia. El viento movía las cortinas con un rumor suave, y las sombras de las ramas de los árboles se proyectaban en la pared como figuras danzantes que parecían bendecir el momento.Alejandro la sostenía entre sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo, los latidos de su corazón que se acompasaban con los de él. Sus dedos, aún entrelazados con los de ella, se movían con una lentitud hipnótica, como si estuvieran aprendiendo un nuevo idioma. El mundo exterior había dejado de existir. La mansión, los niños, las plantas, el miedo...
Leer más