La mañana llegó con un sol que se abría paso entre las nubes como un faro en medio de la niebla. Los rayos dorados entraban por los ventanales del comedor de la mansión, iluminando la mesa de roble donde Antonia y Noah desayunaban con los niños. La risa de Leo, que ya se había recuperado por completo, llenaba la habitación de una alegría que parecía querer borrar las sombras de los días anteriores. Nael golpeaba su trona con las manitas, y Tobías comía en silencio, pero sus ojos, grandes y oscu