El entusiasmo por la boda se había apoderado de la mansión como una fiebre contagiosa. Antonia y Clara pasaban horas en la biblioteca, hojeando catálogos de flores y probándose telas. Los niños corrían por los pasillos con la energía de quienes saben que algo grande está por venir. Noah y Alejandro revisaban los planos de la nueva casa, discutiendo los últimos detalles con una complicidad que ninguno de los dos habría imaginado posible.
—¿Y si ponemos un arco de jazmines? —propuso Antonia, seña