El abrazo duró más de lo que ninguno de los dos esperaba. Noah no soltó a Antonia, y ella no quiso separarse. El calor de la piel de él, que antes se sentía lejano, ahora le quemaba los dedos. La respiración de Noah, antes entrecortada, ahora se había vuelto profunda, pausada, como si su cuerpo estuviera recordando algo que su mente había olvidado. El perfume a jabón de cedro, el mismo que usaba desde la cabaña, la envolvía como una caricia antigua.Caleb observaba desde el pasillo, con los brazos cruzados y una sonrisa que no era de satisfacción, sino de esperanza. El brebaje en la copa de Antonia había funcionado, pero no del modo que él esperaba. Había sido un abrazo. Un abrazo largo, cálido, que ninguno de los dos quería romper. Tal vez eso era más efectivo que cualquier poción. Tal vez lo que Noah necesitaba no era sentir deseo, sino recordar que era deseado.Pero Caleb era terco. Y tenía un Plan B.Cuando Noah y Antonia se separaron, él ya no estaba en el pasillo. Había dejado u
Leer más