Caleb era un hombre de acción, no de paciencia. Las semanas de ver a su hermano arrastrarse por los pasillos como un fantasma, con la mirada perdida y las manos quietas, lo tenían al borde de la desesperación. Había visto a Noah sobrevivir a explosiones, a torturas, a persecuciones. Había visto a Noah diseñar edificios imposibles y derribar imperios. Pero verlo así, derrotado no por un enemigo externo sino por su propia cabeza, le resultaba insoportable.
La terapia con Martín estaba dando resul