La luz gris del amanecer se filtraba por las ventanas del hospital cuando Camila desapareció por el pasillo. El eco de sus pasos se fue apagando lentamente, como un latido que deja de sonar, y el silencio que quedó fue más denso que antes. Antonia sintió que el aire se volvía más pesado, más difícil de respirar. Sus manos, aún apoyadas en el borde de la cuna de Tobías, temblaban con una mezcla de rabia y cansancio. Las uñas se le clavaban en la palma, dejando marcas blancas que luego se volvían rojas.Alejandro no se había movido de su lugar contra la pared. El bastón seguía golpeando el suelo con un ritmo irregular, pero ahora más lento, como si incluso sus temblores estuvieran agotados. Su mirada estaba fija en el niño, en los cables que salían de su cuerpo diminuto, en los monitores que marcaban sus signos vitales. Los números seguían siendo bajos, demasiado bajos, pero al menos se mantenían estables. No empeoraban.Elena seguía en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y e
Ler mais