El regreso a la mansión fue un viaje de preguntas sin respuesta. Camila manejó con las manos heladas sobre el volante, los ojos fijos en la carretera que se perdía entre los árboles. El sol comenzaba a asomar cuando llegó a la entrada, y las piedras blancas del jardín brillaban bajo la luz de la mañana como pequeños espejos. Los jazmines seguían floreciendo, indiferentes a la tormenta que se gestaba en el corazón de la mujer que caminaba hacia la puerta principal.
Los guardias la saludaron con