La noche era un manto negro y denso sobre el océano. Las olas rompían contra el casco del carguero fantasma con un ritmo hipnótico, como si el mar mismo estuviera conteniendo la respiración a la espera de lo que estaba por venir. El barco no figuraba en ningún registro, no tenía bandera, no respondía a ninguna frecuencia. Era una nave del Sindicato de la Sangre, utilizada para transportar armas, dinero y personas que luego desaparecían para siempre. La Red lo había estado rastreando durante meses, y esa noche, por fin, habían logrado cercarlo.Caleb estaba en el puente de mando de la nave de asalto, con los ojos fijos en los radares y los dedos apoyados sobre la consola. Los sensores térmicos detectaban al menos a doce hombres a bordo. No eran muchos. Con el factor sorpresa de su lado, la operación era casi una rutina. La información había sido precisa: ubicación, horario, número de efectivos, rutas de escape. Todo había sido verificado por tres fuentes independientes de la Red. No po
Leer más