Una semana después de la llegada de Camila, Antonia comenzó a notar pequeños cambios que nadie más parecía ver.No estaba en la mansión, no veía a Camila ni a Alejandro, pero los informes de Caleb habían dejado de ser escuetos para volverse elogiosos. «Camila organizó el archivo de medicamentos. Alejandro bajó los temblores. Tobías ganó peso.» Cada línea era una celebración disfrazada de informe técnico. Y cuanto más leía Antonia, más se le crispaba el estómago.Esa tarde, mientras Nael dormía su siesta y Leo jugaba con sus bloques en la alfombra, Antonia tomó el teléfono encriptado y llamó a Caleb. No esperó a que él hablara. Le preguntó directamente cómo era Camila. La respuesta de Caleb fue inmediata: dedicada, meticulosa, una bendición para la Red. Antonia lo escuchó en silencio, sintiendo que el mundo se le movía bajo los pies. No era celos, se repetía. No podía ser celos. Era otra cosa. Era la forma en que Caleb, un hombre que no elogiaba a nadie, hablaba de Camila como si fuera
Leer más