Los días siguientes a la visita de Antonia a la mansión fueron un descenso lento a un pozo de silencio y desconfianza. Camila no hizo nada que pudiera ser señalado como sospechoso. No hubo llamadas extrañas, no hubo documentos fuera de lugar, no hubo gestos que delataran una intención oculta. Al menos, nada que los informes de Caleb pudieran capturar. Y eso era exactamente lo que más aterraba a Antonia: la perfección de Camila era tan impecable que resultaba imposible de perforar.
En la cabaña,