Narrado por EmmaNo alcancé a llegar a la puerta. No pude dar el paso definitivo que me sacara de esa biblioteca, porque mis piernas se convirtieron en piedra y el aire se congeló a mi alrededor. Mis propias palabras, la confesión final que dejaba al descubierto mi pasado con Stefano, se quedaron suspendidas en el espacio, pesadas y venenosas como una neblina de azufre.Detrás de mí, el silencio duró apenas un segundo, pero fue el segundo más largo y aterrador de toda mi vida. Esperé un grito, esperé el estallido de furia de un hombre traicionado, pero lo que vino en su lugar fue algo mil veces peor: una risa.Una risa baja, ronca, desprovista de cualquier rastro de alegría, que emergió del pecho de Noah como un eco del mismísimo infierno. Giré la cabeza despacio, con el corazón saltándome en la garganta, y lo que vi me obligó a retroceder hasta golpear mi espalda contra la madera de la puerta.Noah se había llevado una mano a la frente, cubriéndose los ojos, mientras sus hombros se s
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