—Sorpresa —dijo Celeste, deteniéndose a solo unos metros de ellos, su sonrisa fría bajo la luz de las lámparas, el vestido oscuro que llevaba haciéndola casi invisible contra las sombras del jardín hasta ese momento.—Tú —dijo Dominic, la voz cargada de una rabia que Mara sintió vibrar en el aire entre ellos, sus dedos apretándose alrededor de los de ella con una fuerza protectora—. Todo este tiempo fuiste tú.—No exactamente todo el tiempo —dijo Celeste, caminando despacio hacia la fuente, sin ninguna prisa, como si tuviera todo el control absoluto de la situación y lo supiera perfectamente bien—. Pero sí, la mayor parte. Deberías sentirte halagado, Dominic. Diseñé cada pieza de esto pensando específicamente en ti.—Explícate —dijo Mara, sorprendida por la firmeza de su propia voz, dando un paso hacia adelante a pesar del brazo de Dominic intentando mantenerla detrás de él protectoramente—. Ahora mismo. Sin más juegos, sin más mentiras a medias.Celeste se detuvo, mirándolos a los tre
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