—Sorpresa —dijo Celeste, deteniéndose a solo unos metros de ellos, su sonrisa fría bajo la luz de las lámparas, el vestido oscuro que llevaba haciéndola casi invisible contra las sombras del jardín hasta ese momento.
—Tú —dijo Dominic, la voz cargada de una rabia que Mara sintió vibrar en el aire entre ellos, sus dedos apretándose alrededor de los de ella con una fuerza protectora—. Todo este tiempo fuiste tú.
—No exactamente todo el tiempo —dijo Celeste, caminando despacio hacia la fuente, sin