Tres semanas después.
El reconocimiento público llegó un martes.
No con el dramatismo que Mara había anticipado. No con periodistas en las puertas, ni alertas de última hora, ni ese tipo de anuncio público que se hace notar a bombo y platillo. Llegó como suelen llegar las correcciones institucionales: a través de los canales adecuados, con un lenguaje cuidadoso, con todo el peso de la autoridad acreditada y la dignidad particular de algo que no necesitaba gritar porque era cierto.
La institució