—No lo hagas —dijo Dominic, la voz quebrándose por primera vez esa noche, un hombre que había mantenido el control durante horas de revelaciones imposibles finalmente al borde de perderlo—. Celeste, por favor.
Celeste lo miró, el control remoto todavía en su mano, su dedo pulgar rozando el botón con una lentitud que a Mara le pareció insoportable, cada segundo estirándose como si el tiempo mismo hubiera decidido burlarse de ellos.
—Dame una buena razón ahora mismo —dijo Celeste, su voz temblando