—Es Lowen —dijo el abogado en cuanto Mara y Dominic llegaron a la prisión, su voz cargada de un alivio evidente—. Las cámaras de seguridad lo captaron intentando usar una identificación falsa en el mostrador de visitas anoche.
Mara sintió que el alivio y el terror se mezclaban en su pecho al mismo tiempo, una combinación extraña que ya empezaba a sentirse familiar después de las últimas cuarenta y ocho horas. —Lo atraparon.
—Lo detuvieron en el estacionamiento cuando intentó irse —dijo el abogad