El edificio se encontraba en la zona más nueva de la ciudad.No en las calles más antiguas, cargadas de historia, ni en el distrito puramente corporativo, sino en un punto intermedio: un barrio que había sido industrial y que había sido reconstruido como zona residencial, conservando suficiente arquitectura original para darle carácter sin caer en la pretensión.El edificio era limpio y moderno, con un conserje en el vestíbulo que, al verla entrar, levantó la vista, le preguntó su nombre, la llamó a su habitación, asintió y le indicó que el ascensor estaba a la derecha.Subió en el ascensor hasta el noveno piso.El pasillo era silencioso y estaba bien iluminado, con esa neutralidad característica de los espacios comunes en edificios donde las personas que los habitan tienen vidas muy diferentes.Encontró la puerta y llamó.Él abrió en unos diez segundos.Llevaba pantalones oscuros y una camisa sencilla con las mangas remangadas hasta los codos, y los pies descalzos, un detalle que, po
Leer más