—No vas a ir solo —dijo Mara, parándose frente a la puerta del hospital con los brazos cruzados—. Ni lo pienses.Dominic se pasó una mano por el pelo, la frustración clara en cada línea de su rostro. —Si es una trampa, no quiero que estés ahí cuando explote.—Y yo no voy a dejarte enfrentar a tu propia madre solo —dijo Mara—. No después de todo lo que hemos pasado juntos esta noche.Él la miró largamente, algo cediendo detrás de sus ojos, y finalmente asintió, incapaz de discutir contra la determinación que veía en su rostro. Se acercó y le tomó ambas manos, sosteniéndolas contra su pecho.—Prométeme que si algo sale mal, corres —dijo él—. No mires atrás. No esperes por mí.—No voy a prometerte eso —dijo Mara, sosteniéndole la mirada—. Porque sería mentira, y ya tuvimos suficientes mentiras esta noche.Él cerró los ojos un momento, y cuando los abrió de nuevo, se inclinó y la besó, despacio, con una desesperación tranquila que decía todo lo que las palabras no alcanzaban a cubrir. Mara
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