—Ponla —dijo Dominic.Helena bajó las escaleras con una grabadora pequeña en la mano, del tipo antiguo, con botones grandes y una cinta adentro. La dejó sobre la mesa de centro como si pesara mucho más de lo que parecía.—Antes de que la escuchen —dijo Helena—, quiero que sepan algo. No la grabé para protegerlos a ustedes. La grabé para protegerme a mí. Eso también es parte de la verdad.—No nos importa por qué la grabaste —dijo Mara—. Ponla.Helena se quedó parada frente a la mesa un segundo más de lo necesario, como si algo en ella todavía quisiera detener lo que estaba a punto de suceder. Luego presionó el botón.Hubo un segundo de estática. Luego voces. Tres hombres, apagados, distantes, como si la grabadora hubiera estado escondida en otra habitación. Mara reconoció una de ellas al instante. Vane. La segunda debía ser Shelby, aunque nunca la había escuchado antes.Y luego, clara, más cerca del micrófono que las otras dos, una cuarta voz.De mujer.—Si Daniel Harlow llega a una far
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