La carretera costera apareció de repente.Un instante antes, atravesaban campos abiertos y colinas bajas, y al siguiente, la carretera giró bruscamente a la izquierda, el terreno descendió abruptamente a la derecha y el mar apareció bajo ellos, vasto, gris e indiferente, extendiéndose hasta un horizonte infinito.Mara no había visto el mar en más de un año.Había olvidado cómo hacía que todo pareciera a la vez más pequeño y más grande. Los problemas en el coche, los documentos, el testimonio, los quince años de daños y la mujer que conducía hacia el oeste delante de ellos: todo seguía siendo real y urgente. Pero, además de tanta agua, también parecía algo que se podía sobrevivir. Como una perspectiva que llegaba sin invitación y se negaba a marcharse.La miró durante tres segundos y luego volvió a la carretera.—¿A qué distancia? —preguntó.—La dirección de Clara indica que está a unos ocho kilómetros de la costa —dijo Dominic—. Habrá un desvío. Probablemente sea un camino privado.—N
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